Juan de León y Castillo (1834-1912) fue un ingeniero de enorme talento, responsable del diseño y construcción de las principales obras de la isla, como sus puertos o sus carreteras. Y es que, desde el Puerto de La Luz de Las Palmas hasta el Faro de Maspalomas, no hubo en aquel tiempo una construcción pública que no fuera partícipe su genio creativo.
Su hermano, Fernando de León y Castillo, Marqués de Muni, afamado abogado y político, fue también otro personaje muy destacado de la época. De hecho, la Plaza de Santa Brígida dedica su nombre a los hermanos, en homenaje a estos dos insignes canarios. Además, en la localidad de Telde se encuentra un interesante museo que recoge la vida y obra de ambos ilustres hermanos.
Juan de León y Castillo aspiraba a tener una casa propia para el descanso y así cuidar de su mujer enferma que precisaba reposo. Por eso, tras una intensa búsqueda, construye la casa original en 1898, en un lugar alejado y tranquilo, rodeado de vegetación y con unas vistas incomparables. Unas vistas desde donde podía contemplar la silueta del hermoso volcán de Bandama o el Puerto de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria, que él mismo construyó. Hoy, Domaine du Marquis mantiene intacta esa promesa de silencio y descanso absoluto para sus huéspedes.

El legado de Juan de León y Castillo es fundamental para acercarse y entender la modernización de Gran Canaria, destacando como ingeniero de enorme talento, cuyo trabajo transformó para siempre la infraestructura de la isla.
La ingente labor de una figura tan multidisciplinar, y de semejante ingenio, es complicado de sintetizar, abarcando diversas áreas del conocimiento y del saber:

Memoria: Su obra se pone en valor actualmente, destacando su impacto en la modernización urbana y su papel como “hijo de la ciudad” en Telde.
Su legado, junto al de su hermano Fernando, se conserva y divulga a través de la Casa-Museo León y Castillo, de Telde, que recoge sus trayectorias biográficas y profesionales.
En definitiva hablamos de una persona extraordinaria, que construyó una casa acorde con su figura: única y especial igualmente. Porque Juan de León y Castillo poseía un espíritu que resumía todas las virtudes de la modernidad, en su acepción racionalista: talento inigualable como ingeniero, libre pensamiento, fundamentos liberales y democráticos en lo político, emancipación intelectual, apología del valor del mérito personal o filantropía en la cuestión social.

